Capta suscriptores con formularios (y por qué usar doble opt-in)
No todos tus futuros clientes están listos para comprar hoy. Un formulario captura su email para que sigas en contacto. Te enseñamos a crearlo y por qué el doble opt-in te da una lista mejor.

Mucha gente llega a tu web, se interesa… y se va sin comprar. No porque no le interese, sino porque aún no es el momento. Un formulario de suscripción convierte ese visitante que se iba en un contacto con el que puedes seguir hablando. Es la forma más limpia de hacer crecer tu lista.
¿Qué es un formulario de captación?
Es un pequeño formulario que pide el email (y opcionalmente el nombre) de quien quiere saber de ti. En Cursio lo creas en un minuto y te damos un enlace público que puedes compartir donde quieras: en tu web, en tu bio de redes, al final de un artículo.
Doble opt-in: menos suscriptores, mejores
El doble opt-in añade un paso: cuando alguien deja su email, le mandas un correo pidiéndole que confirme con un clic. Solo entonces entra a tu lista.
¿Por qué molestarse? Porque filtra:
- Emails con erratas y direcciones falsas.
- Bots que rellenan formularios automáticamente.
- Gente poco interesada que no da ni un clic.
Te quedas con una lista de gente que de verdad quiere leerte. Eso se traduce en mejores aperturas, menos quejas de spam y mejor entregabilidad para todos tus envíos.
Al suscribirse, Cursio puede ponerle automáticamente una etiqueta (para segmentar después) e iniciar una automatización de bienvenida. Así el nuevo contacto recibe tu primer email al instante, sin que muevas un dedo.
Un apunte sobre el consentimiento
Cuando alguien se suscribe por un formulario te está dando permiso explícito para escribirle: esa es la base legal más sólida que existe. Y como todos tus emails llevan enlace de baja, cumples con las buenas prácticas de privacidad sin complicarte.
Crea tu primer formulario, activa el doble opt-in y compártelo hoy. Cada suscriptor es una futura venta que hoy todavía no estaba lista.
Tres formas de usarlo, y cuál te conviene
Cuando guardas un formulario, Cursio te da un enlace y un código. No necesitas montar nada más: no hace falta crear una página ni saber de programación. Estas son las tres maneras de ponerlo a trabajar.
1. El enlace público, tal cual
Cada formulario tiene su propia dirección, del tipo tuescuela.cursio.app/formulario/…. Es una página completa, con tu logo y tu color, y sin menú ni distracciones: entras, dejas el correo y ya está.
Si tienes tu dominio propio conectado, el enlace sale con él —tudominio.com/formulario/…— sin que tengas que hacer nada: Cursio no aparece por ningún lado.
Es lo que quieres para la biografía de Instagram, un mensaje de WhatsApp, la descripción de un vídeo de YouTube o un correo. Se copia desde el propio formulario con un botón.
2. Dentro de una página de tu escuela
Si ya tienes páginas en Cursio —una de bienvenida, una de recursos gratuitos—, puedes meter el formulario dentro como un bloque más, entre tus textos e imágenes. Se hace desde el editor de páginas: añades un bloque Formulario y eliges cuál.
Aquí el formulario no se ve como algo pegado: hereda el diseño de tu escuela y queda como una sección más de la página.
3. Insertado en tu propia web
Esta es la que más se pregunta: «ya tengo mi web en WordPress, ¿puedo poner ahí el formulario?». Sí. Junto al enlace público hay un botón Copiar código: pegas ese código donde quieras que aparezca y listo. Funciona en WordPress, Wix, Squarespace, Webflow, Ghost o cualquier sitio donde puedas pegar HTML.
El formulario que se ve ahí es el mismo de siempre: los suscriptores entran en tu lista de Cursio igual que si hubieran usado el enlace, con su etiqueta y su automatización si la tienes configurada. Y dos detalles que evitan los problemas típicos de insertar cosas:
- Se ajusta de alto solo. No tienes que adivinar cuánto mide ni te queda cortado. Y cuando alguien se suscribe y aparece el mensaje de gracias —más corto—, el hueco se encoge solo.
- No trae fondo propio. Se funde con tu página, sea blanca, oscura o con imagen, en vez de dejar un recuadro de otro color.
¿Cuál eliges? Si tienes web propia, la tercera: cada clic que le pides a alguien es gente que se cae por el camino, y mandarlo a otra pestaña para dejar un correo es un clic de más. Si no la tienes, el enlace público te resuelve el 90 % de los casos sin montar nada.
Dale algo a cambio del correo
Un formulario que dice «suscríbete a mi newsletter» compite con las otras cuarenta que esa persona ya recibe. Uno que dice «te mando la guía de 12 páginas para elegir tu primera cámara» compite consigo mismo. A eso se le llama regalo —o lead magnet— y es lo que convierte pedir un correo en un trato.
En Cursio lo pones desde el propio formulario: subes un PDF o pegas un enlace a lo que ya tengas en Drive o Notion. Tres cosas pasan solas:
- Se entrega por enlace, no adjunto. Un adjunto dispara los filtros de spam, viaja entero en cada envío y muchos servidores lo rechazan pasados diez megas. Con enlace llega siempre.
- Si usas doble opt-in, se entrega al confirmar. No antes. Si mandas el regalo con el primer correo, nadie confirma —ya tiene lo que venía a buscar— y el doble opt-in deja de servir para nada. El correo de confirmación anuncia lo que llega al pulsar, para que ese clic tenga una razón.
- El enlace caduca a los siete días. Tiempo de sobra para descargarlo, poco para que acabe circulando por WhatsApp dos años después.
Y se entrega dos veces: con un botón en pantalla, porque quien acaba de suscribirse está mirando, y por correo, porque quien lo hace desde el móvil casi nunca descarga en ese momento.
Elige cómo se ve, y cuándo aparece
Son dos cosas distintas y conviene no mezclarlas.
Cómo se ve lo decide el diseño. Hay cinco, y cada uno resuelve un sitio: Tarjeta (la de siempre, sirve para todo), Imagen al lado (para enseñar la portada de lo que regalas), Imagen arriba (cuando la imagen es el gancho), En una línea (sin caja, para meter en mitad de un artículo sin cortar la lectura) y Bloque de color (con el color de tu marca de fondo, para que no pase desapercibido).
Encima de cualquiera cambias la imagen, el texto y el color del botón, y la letra pequeña del pie. Lo que no toques sale de los colores de tu escuela, así que un formulario recién creado ya va con tu marca.
Cuándo aparece solo aplica si lo insertas en tu web, y hay cuatro opciones:
- En la página: fijo donde lo pegues. El que no molesta a nadie.
- Ventana emergente: se abre encima a los segundos que elijas. El que más capta y el que más molesta; úsalo con cabeza.
- Aviso en la esquina: abajo a la derecha, sin tapar la lectura. El equilibrio de los cuatro.
- Barra arriba: una franja fija en lo alto. Discreta y siempre visible.
Los tres que interrumpen se cierran y no vuelven a salir en esa visita. Un formulario que reaparece cada vez que alguien hace scroll no capta más correos: echa gente.
Lo que te pide la ley (y cómo lo cubre Cursio)
Si tienes o esperas tener público en la Unión Europea, el RGPD no te pide solo tener el consentimiento de cada suscriptor: te pide poder demostrarlo. Y quien tiene que demostrarlo eres tú, que eres el dueño de la lista.
En los ajustes del formulario puedes activar una casilla de consentimiento con tu propio texto y enlazar tu política de privacidad. Cuando está activada, de cada persona que se suscribe se guarda qué texto tenía delante, cuándo, desde qué IP y en qué página. Lo ves en su ficha, dentro de Contactos.
Dos detalles que marcan la diferencia si algún día tienes que enseñarlo: la casilla nunca viene marcada —un consentimiento premarcado no es consentimiento— y el texto se guarda tal cual estaba ese día, así que si lo cambias más adelante, las pruebas anteriores no se tocan.
Viene apagada por defecto a propósito: en buena parte de América Latina no se exige, y una casilla de más baja la conversión sin darle nada a nadie. Enciéndela si tu público está en Europa.
Dónde poner el formulario para que se llene
El sitio importa más que el diseño. Estos son los emplazamientos que funcionan, ordenados por lo que suelen rendir en una escuela de cursos:
- Al final de un artículo largo que la persona acaba de leer entero: ya demostró interés en el tema, es el mejor momento para pedirle el correo.
- En una página de captación propia a la que enlazas desde tus redes. Sin menú ni distracciones, una sola cosa que hacer.
- En la ficha de un curso de pago, para quien no está listo para comprar hoy. Recupera a alguien que si no se iba sin dejar rastro.
- Después de una clase gratuita o de una descarga. La conversión más alta de todas, porque ya recibió algo.
Un formulario que pide solo el correo convierte más que uno que pide nombre y correo, pero luego no puedes personalizar el saludo. Si vas a usar el nombre en tus correos, pídelo; si no lo vas a usar, no lo pidas.
Qué ofrecer a cambio del correo
«Suscríbete a mi newsletter» ya no basta. Lo que funciona es algo concreto que resuelva un problema pequeño y completo, relacionado con lo que enseñas:
Suele funcionar
- Una plantilla o checklist que ahorra una tarde de trabajo
- La primera lección de tu curso, completa
- Una clase corta grabada sobre el error más común de tu campo
- Una calculadora o una hoja de cálculo ya montada
Suele no funcionar
- Un ebook de 60 páginas que nadie va a leer
- «Acceso a contenido exclusivo», sin decir cuál
- Un descuento antes de que sepan qué vendes
- Un curso gratuito tan completo que sustituye al de pago
Doble opt-in: el coste y por qué compensa
El doble opt-in pide una confirmación por correo antes de dar de alta a nadie. Pierdes una parte de los registros —los que se equivocaron al escribir, los que pusieron un correo falso y los que nunca abrieron el mensaje de confirmación— y ganas tres cosas:
Una lista que existe de verdad. Las direcciones inventadas no llegan a entrar, así que tus rebotes bajan y tu reputación de envío se mantiene.
Prueba de consentimiento. El registro de la confirmación es la evidencia de que esa persona pidió recibirte, que es exactamente lo que exige el RGPD en España y lo que piden las normativas equivalentes en buena parte de LATAM.
Gente que sí abre. Alguien que confirmó dio dos pasos voluntarios. Tus tasas suben aunque no cambies nada más, simplemente porque la lista es mejor.
El correo de confirmación es el más importante que enviarás a esa persona y el que más se descuida. Que se entienda en la primera línea qué hay que pulsar y qué va a recibir después. Si la confirmación parece spam, ahí acaba la relación.
Errores que vacían un formulario
- Prometer una cosa en el formulario y enviar otra en el primer correo.
- No enviar nada hasta dos semanas después: para entonces ya no se acuerdan de ti y te marcan como spam.
- Pedir cinco campos cuando con uno bastaba.
- Esconder el formulario en una página que nadie visita.
- No tener una primera campaña preparada para quien acaba de entrar.
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